LA TARDE
La tarde melancólica calladamente avanza
con su manto de sombras y sus mares de dudas:
¿es cierto lo que dicen los Cristos y los Budas,
los santos y profetas de cualquier esperanza?
¿Habrá un Edén eterno o un eterno castigo
ante tanta ventura y ante tanta miseria,
o todo simplemente se reduce a materia
que el alma de la Tierra confundirá consigo?
Y es cuando los viajeros estorninos, cansados
de dibujar castillos en las nubes, se duermen
en los ancianos árboles que aún conservan el germen
que hará de nuevo jóvenes sus brazos trasquilados.
También los pintorescos humanos se apresuran
a volver al refugio tras la dura jornada,
y lo mismo si mucho que si no han hecho nada
al calor del hogar las heridas se curan.
Pero para los náufragos y para los proscritos
aún conserva la tarde su amarga melodía:
¿hay algo más absurdo que la simple alegría
que cantan los poetas en todos sus escritos?
Ni de dónde venimos ni importa dónde iremos,
ni tampoco qué hacemos, qué haremos o qué hicimos;
da igual lo qué seremos, qué somos o qué fuimos;
ella sólo pregunta: ¿qué sentido tenemos?
Después de llegar tarde, no me dejas en paz;
nunca llegas contenta, aunque sí llegues antes;
pero daré respuesta a tus interrogantes,
que si bien no sé nada, se que seré capaz:
Aquellos que vinieron y aquellos que vendrán
con sus bellas parábolas y túnicas sagradas
son gentes que se esperan o fueron esperadas
y los que ya no esperen no desesperarán.
Los edenes conviene que se tengan a mano,
e igual que los infiernos, rebuscan las razones
para poner sus gérmenes en cuantos corazones
dan vida y sentimientos a todo ser humano.
Del alma de la Tierra, no puedo decir nada;
pregúntaselo a ella, que te dará respuestas
en todos sus vergeles, en todas sus florestas
y en toda su grandeza que es hoy tan ignorada.
No hay poeta más grande que el filósofo griego
que hablaba de repúblicas, banquetes y cavernas;
sus aburridas musas hoy son prosas eternas,
aunque como político fue malo, desde luego.
Y es la simple alegría la alegría de un crío,
la alegría sin miedo, sin rencor ni maldad;
la que una vez al verla Alguien dijo: "Dejad
que todos esos niños vengan al lado mío".
¿Qué sentido tenemos? ¡Pregúntaselo a Dios!
Sólo tiene sentido la vida por la vida,
la que estamos viviendo, pero no la vivida.
Esas son las respuestas que tenemos los dos.
Adiós, que con la noche ya me dejas ahora,
se ve que tienes prisa, se ve que eres mujer...
Pero mañana mismo voy a volverte a ver,
si no en el mismo sitio, será a la misma hora.
Jesús María Bustelo Acevedo
Mar 4
7:40 AM