La tentación no viene de Deus, porque Dios no tienta a nadie. (Tg 1,13). Pero a través de ella el hombre es probado, como el fierro en el horno. La tentación viene del maligno, que sobre diversas maneras y formas intenta llevar el hombre a cometer el pecado. Cuando somos tentados por el demonio, el lo hace de diversas maneras como por ejemplo a través de pensamientos ilícitos, imágenes torpes, y el hombre dejándose deleitar en ellas, es ya una presa, cayendo después en pecados graves. Ningún hombre está libre de la tentación, ni los más llegados a Dios, que son seguramente más tentados que los que están más apartados. Y cuanto más el hombre se deja vencer por la tentación, más peca, e por consiguiente más se aparta de Dios, porque es precisamente el pecado la única barrera que nos aparta del Sumo Bien, Dios. En el inicio de la tentación, cuando intentamos resistirle, no raras veces caemos, precisamente por la acción nefasta del enemigo del alma. Cuantas y cuantas veces, después de cometer un pecado fruto de la tentación, nos surge un sentimiento de tristeza una angustia de muerte? Y lamentando amargamente, proponemos al Señor en no tornar a caer en tal pecado? Quien no ha probado esto? Quien afirma no ter experimentado, no juzgue quien peca para no pecar, y no sea agresivo para con su semejante y sobretodo cuide para que no venga a caer en el futuro. Este sentimiento de tristeza y arrepentimiento viene de Dios, pero juntamente con paz de espirito; pero el sentimiento de desespero viene del maligno, del espirito de la confusión. Por lo tanto debemos cuidar para que no nos dejemos llevar por el desespero, que es un sentimiento horrible, que a tantas almas ya puso en la perdición eterna, acordemos el célebre caso de Judas. Nunca desesperemos y tengamos confianza en Dios, que sabe tirar del mal el bien! La mejor arma que Jesús nos enseno para combatir la tentación, es vigiar y orar. Vigiar para que en el inicio de la tentación, no dejemos entrar en el alma el enemigo. Cuanto más fuertes seamos, más flaco se torna el enemigo, y vice-versa. Quien tarda en resistirle prontamente tan luego surja la tentación, va a caer con toda la certeza, porque el enemigo es más fuerte que nosotros. Y este resistir a que me refiero es huir de ella. Es en huir de la tentación que consiste la vitoria sobre ella. He aquí la clave. ¡Porque el enemigo en la medida que gana terreno, el engáñanos indubitablemente! Entramos en una especie de sueno venenoso, en una incapacidad total, y entregamos nos así al maldito enemigo.
Después de constantes meditaciones sobre este tema, y de pedir a Dios que derrame Su Santo Espirito sobre mi alma, pude entonces comprender con mucha clareza la acción del enemigo. Llegue a la conclusión que la mayoría de las personas, no tiene una idea muy precisa y rigorosa de cómo el enemigo actúa en este particular. Muchas saben que el demonio incítanos a pecar, pero no saben que el entra en una especie de dialogo con nosotros, en el momento de la tentación, deturpando mismo nuestro juicio. Muchas veces solamente nos damos cuenta del error, de cómo hemos sido engañados después de cometer el pecado. No nos debemos inquietar nunca. ¿Al final de que vale una vida sin tentaciones y se todo corre como deseamos? ¿Qué merito hay? Por otro lado es edificante, siempre que salimos victoriosos de ella. Ya decía Tomás de Kempis, en su libro “Imitación de Cristo”: “¿Que más rudo combate habrá que buscar vencerse a sí mismo?” Acuerden a menudo, que son estas cosas que podremos ofertar a Dios como proba de nuestro amor.
Nov 9, 2008
10:07 AM
Uno de los errores mas grandes es confundir la tentacion con el pecado, a veces nos sentimos muy pecadores por el hecho de ser tentados.
Dios nunca permitira que experimentemos una tentacion mas grande que lo que podamos resistir, asi que resistamosle con la entereza de los hijos de Dios.
Es diferente sentir de consentir. Mientras mas quieras acercarte a Dios, mas vas a ser tentado, es natural, pero con la ayuda de Dios todo es posible.
Nuestra actitud ante la tentacion nunca debe de ser tratar de dominarla con nuestras propias fuerzas, sino recurrir siempre a nuestro creador, refugiarnos en El para que con su ayuda la podamos vencer.
Revistamonos del hombre nuevo.
Amen.
Nov 16, 2008
4:09 PM