|
¿En qué momento de nuestras vidas comenzamos a tener hambre y sed de Dios? ¿Comienza con la salvación? Creo que no, porque en Isaías 43:21 Dios dice: "Entonces el pueblo que yo me he formado, me cantara alabanzas.". Sí Dios nos hizo para Él, naturalmente tuvo que haber puesto en nosotros un anhelo por Él.
Entonces, sí esta hambre y esta sed no comienzan cuando la persona es salva, tiene que estar ya presente cuando nacemos. Esto significa que toda persona tiene en su interior un anhelo de Dios. Tal vez tu estas pensado: Sí yo conocí a Dios hace poco, ¿cómo es que tenía hambre de Él antes de conocerlo? Puede ser difícil entender este concepto al comienzo, pero no por eso es menos cierto. Dios pone un anhelo por Él dentro de cada persona que crea. Y también es verdad que, sí bien algunas personas descubren y aceptan tener ese deseo por Dios, otras jamás lo hacen. Sí un JOVEN no tiene ninguna relación con Dios, y nadie le habla acerca del Señor, comenzará a poner su mirada en las cosas que el mundo le ofrece. Y el mundo tiene una enorme cantidad de opciones de las que podemos disfrutar ávidamente sí asi lo deseamos. Sí no entendemos que Dios ha puesto en nuestros corazones deseos que sólo pueden ser satisfechos por Él, muy probablemente haremos elecciones basadas en lo que nos luce apetecible y atrayente. Sí lo hacemos, descubriremos que las ofertas del diablo son abundantes. Su menú incluye dinero, poder, prestigio y adicciones. Nos susurra al oído: "Busca estas cosas, y serás feliz. No importa lo que te cueste, sentirte bien tiene que ser tu primera prioridad". A diferencia de las ofertas mundanas del diablo, Dios nos ofrece el "Único Camino", JESUS, quien nos satisface completamente. Con Él vienen la paz, la felicidad, el gozo, el contentamiento y la seguridad. Podemos tener muchas cosas y lograr mucho éxito, pero sin Jesucristo estas cosas no significan nada. Jamás nos sentiremos satisfechos o realizados, y jamás tendremos gozo, paz o contentamiento verdadero fuera de Él. Una vida sin Jesus es una vida miserable. Sabiendo esto, debemos aferrarnos a la verdad de que jamás nos sentiremos desilusionados por haber tenido hambre y sed de Dios. La relación con nuestro Señor es íntima y deleitosa. Cuanta más hambre y más sed tengas de Dios, más se revelará Él a ti, y más te dará. Nuestra sed de Dios nos abrirá los ojos a una paradoja interesante: Aunque siempre tendremos hambre de Él, al mismo tiempo experimentaremos satisfacción, paz y una sensación de gozo y plenitud. Ése es el misterio y la verdad absoluta sobre la naturaleza de nuestra relación con Dios. Aunque está siempre satisfaciéndonos, también está aumentando continuamente nuestro anhelo y nuestra hambre por más de Él.Cuando lo que nos mueve es el hambre y la sed por el Señor,jamás dejaremos que otras cosas compitan con Él en nuestras vidas. Una intimidad cada vez mayor con Jesucristo vence toda tibieza que pueda existir. Cuando tu tengas anhelo en tu corazón por Él, nadie tendrá que rogarte que vayas a misa. Nadie tendrá que suplicarle que te confieses, que asistas a una comunidad o que vivas una vida de santidad delante de Dios, de ti nacera hacer estas cosas. ¿Por qué? Porque estás enamorada (o) de Jesús, quien está satisfaciendo todos los anhelos de tu corazón. Él sabe que el mundo no podrá jamás satisfacerlo, y por Su gran amor Él quiere darte todo lo mejor. Así de generoso es Dios. Háblale con todo tu corazón. Dile: "Señor, quiero tener una relación íntima y personal contigo. Abre mi corazón y ayúdame a entender". Descubriras que nada en la vida se compara con el hambre y la sed del Dios vivo.
|